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Inmaculada Benito Hernández

Directora del Departamento de Turismo, Cultura y Deporte de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE)

No es tanto tener datos como saber utilizarlos para tomar mejores decisiones.

La evaluación actual del sector turístico nos devuelve una fotografía de luces y sombras. Si bien hemos logrado un avance notable en la digitalización básica, especialmente en la comercialización y relación con el cliente, nos enfrentamos a una peligrosa asimetría. El progreso es desigual: mientras la gran empresa consolida su madurez tecnológica, el desarrollo en las micro y pequeñas empresas avanza, pero lo hace de forma reactiva y fragmentada. Para este tejido empresarial, que es mayoría, la dificultad ya no es acceder a la tecnología, sino comprender su retorno de inversión (ROI) y el «para qué» de herramientas complejas como la IA.

El diagnóstico cualitativo nos revela que hemos cruzado un umbral psicológico importante. Los empresarios trasladan que el miedo ya se ha superado; ahora el desafío es encontrar la manera de hacerlo. El gran reto pendiente ha dejado de ser la captación de información para pasar a ser la gestión inteligente de la misma. En un entorno saturado de información, la sentencia es clara y es que, más que disponer de datos, lo importante es saber utilizarlos para tomar mejores decisiones.

Sin embargo, detectamos un freno en la automatización y en la adopción real de soluciones que mejoren la productividad. Existe una sensación de parálisis por análisis, donde se habla mucho, pero falta ejecución. Para desbloquear esta situación, es urgente un cambio en el apoyo institucional. La digitalización requiere acompañamiento real, formación práctica y, sobre todo, simplificación administrativa ante la fragmentación normativa. El sector una coordinación más contundente, señalando la ausencia de una ventanilla única y la persistencia del trabajo en silos.

De cara al futuro, con la IA, la robotización y la sostenibilidad marcando la agenda, la competitividad dependerá de nuestra capacidad para auditar procesos y formar talento. Solo así transformaremos esa digitalización reactiva en una ventaja competitiva real.